The Adversiter Chronicle

miércoles, 31 de octubre de 2012

"Butaca de patíbulo", suplemento cinematográfico cutre


Suplemento cinematográfico cutre de
The Adversiter Chronicle

 

Inteligencia Artificial

Tradicionalmente se recomienda en Butaca de patíbulo no visionar películas con niño o animales pero supongo que siempre hay una excepción que incumple la regla…

Inteligencia Artificial es una película del Spielberg, ese tipo que hacía magia pero que últimamente se embarca en buenos proyectos que se cagan por el atrezzo. Un ejemplo es Priority Report  donde a una buena historia, ambientación y efectos especiales meten la mierda de los visionarios en la piscina, de todos los recursos va a elegir el menos creíble.

Es una producción del año 2001 que antes quiso rodar el Kubrik.

Y es que tenemos niño y animal, aunque ambos sean robots y tal vez por eso no es la típica película familiar de buenas intenciones. El niño es el desasosegante, en algunas de sus muecas,  el Haley Joel  Osmen, ese niño grabado a fuego en la retina del espectador que hacía de cicerone del Bruce Willis en el mundo de los muertos. Secundado por el cada vez más soberbio Jude Law que borda el papel de robot sexual y el siempre sólido pero nunca bien apreciado del William Hurt en uno de esos papeles donde su careto encaja en el personaje aunque su hieratismo llegue a ser en ocasiones irritante, tal parece en ocasiones que sufre de parálisis facial.

La película es una deliciosa fábula donde empatizamos de inmediato en esa dulzura que sólo el Spielberg sabe transmitir aunque el chute de empatía no iguala el subidón de E.T. allá en los tiempos de la URSS.

Efectos especiales someros pero espectaculares, buen atrezzo futurista y pasa de sermonear con el estilo de sociedad del futuro. Un futuro parecido al presente salvo en los coches, los turbo copters, una Nueva York sepultada por las aguas salvo sus más altos rascacielos que forman un sistema insular de esqueletos de acero que se elevan sobre la superficie mientras bajo el agua se erosiona lo que un día fueron calles, parques y barrios… la superficie convertida en profundidad oceánica.

 La humanidad vive una nueva revolución tecnológica con la creación y producción industrial de consumo de los robots, semejantes a sus creadores y especializados como modernos esclavos de Roma en acompañar, instruir, dar placer y proteger. Pero su perfección raya en herejía para grupos fundamentalistas de humanos que aspiran a una Tierra habitada de nuevo por sus legítimos amos y eliminar a los sintéticos. Para ello organizan cacerías de robots fugitivos, que fallaron en su programación o sencillamente ya eran obsoletos. Entre ellos, como en los primeros cristianos crece la fe de que existen y por tanto viven aunque no sean humanos, saben que les odiamos porque son más inteligentes, más numerosos…

 Las parejas tienen acotado el número de engendros que pueden aumentar la familia. Pero hay padres que pierden a su hijo, en este caso, un empleado de la fábrica de robots cuyo hijo yace en coma para desesperación obsesiva de su joven, aunque no estimulante, esposa.

La fábrica elige a este empleado para probar un  nuevo prototipo de robot infantil que tiene la capacidad de generar sentimientos en base a experiencias, su cerebro electrónico es capaz de sin ser programado crear nuevas secuencia de  comportamiento que le asemejen como nunca se había fabricado a las reacciones, sentimientos y fantasías de los niños humanos…

El caso es que el hijo verdadero se despierta, le calzan un exoesqueleto para paralíticos y el niño de los cojones resulta ser un Damien de tomo y lomo que trata al pobre David como Calígula a sus profesores, provocando malentendidos que el lechugino del padre interpreta como homicidas y por tanto un peligro para la familia, aunque sus miedos y demás mierdas sólo aumentan la sensación de que estamos ante un auténtico calzonazos; la madre entiende que el hijo que parió es un pequeño demonio y decide soltar a David y que se busque la vida antes de entregarlo para que le destruyan por comportamiento defectuoso.

La película prosigue con el típico viaje de búsqueda de la verdad con el cuento de Pinocho de telón de fondo, es el problema de los niños, que nos creemos los cuentos hasta que la sociedad dicta que es hora de despertar. La película logra enganchar por las sorpresas y espectáculo visual de una ciudad sumergida, pero, siempre hay un pero, llegamos al final de la historia.

 En los promos de la programación suelen decir que “el final es una bella epifanía”.

El final es una auténtica puta mierda que hace que el producto final no pase a la cinemateca neuronal. Es un final donde tenían que meter los extraterrestres de los cojones,  sus cuerpos aparte de sencillamente absurdos e irreales juegan con la jodida imagen de humanoide cabezón, que se le ilumina la frente y que se comunican tocándose. Una gilipollez de un infantilismo tal, que después de ver los buenos efectos especiales de la película de repente la cagan.

Esa estúpida nave de bloques, esa tecnología de dominar la materia que suena tan ridícula como que las pirámides y edificios de piedra de la humanidad eran porque podían manejar la materia…

Es un final torpe, que te abruma con una sensación antes de que termine de abatimiento y amargura por haber picado para ver un producto que puede que a finales de los 70´s fuera vanguardista pero que lo que asemeja es a que o bien se les fue el diseñador de producción o se quedaron sin cuartos para terminar de cagarla con un apéndice futurista de mierda por lo poco creíble.

En resumen que decepcionante en su último cuarto de hora, hay varios guiños a clásicos y el niño y el animalito hacen gracia sin querer ser nunca graciosos, se le suma que el joven actor borda su cara de haba y cuando se ríe pega unos sustos de muerte, al final pese a todo pasamos un rato entretenidos aunque el final sea atroz y cagada de efectos especiales, no por los mismos sino por la mente calenturienta que sugirió tan deleznables extraterrestres y la torpeza del Spielberg de llevarlos a la pantalla.
En fin, en este caso una vez más, prefiero Futurama
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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