The Adversiter Chronicle

sábado, 13 de octubre de 2012

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre  de The Adversiter Chronicle

Libro: La Guerra de Charlie Wilson
Autor: George Crile
Editorial: Editorial Almuzara, S. L.
Traducción: Zulema Couso
Edición: Febrero de 2008

Hay ocasiones en que cine y literatura van de la mano. Si bien es cierto que una adaptación al cine conlleva muchas veces que se mutile parte del texto de la novela, si la adaptación es buena te entran ganas de leer el libro. Un ejemplo es “De aquí a la Eternidad” y otro el que traemos hoy a Lomo con tapas.
Os sonará el título de la adaptación al cine de 2007 dirigida por Mike Nichols estando protagonizada por Philip Seymour Hoffman, Tom Hanks, Ned Beatty, Amy Adams, Emily Blunt, Julia Roberts y Om Puri.
Estamos los 80´s, Reagan juega con mano de hierro y un par de faroles la lucha contra la URSS. Los soviéticos han invadido un lejano país llamado Afganistán conquistando la capital y guarneciendo las principales localidades mientras sus tanques y sus terribles helicópteros de combate Hind diezman los combatientes afganos y masacran a la población civil. En EEUU, las actividades para armar a La Contra por parte de la CIA son fiscalizadas por el Congreso, la prensa y la opinión pública que además achaca a la CIA de dejar abandonados a su suerte a los muyahidines …

En las sombras del poder, un congresista texano amante de la juerga, el sexo y las drogas, lucha y organiza el envío de armamento y pertrechos a los afganos con la complicidad de antagonistas como Pakistán e Israel. Cuenta para ello con otro patriota que al igual que él considera que hay que dar a los soviéticos su propio Viet-Nam y organiza la mayor operación de guerra secreta de la CIA y pondrá en jake mate al imperio soviético, al comunismo.

 
Asistimos asombrados a los entresijos del funcionamiento de los servicios secretos estadounidenses y al ejercicio del poder de un congresista, los lazos a veces invisibles que apoyan efectivamente las guerras clandestinas, tan cercanas de nuevo con la primavera árabe, la guerra civil en Siria y el más cercano cada día ataque preventivo a Irán donde la aparición de un nuevo factor en la ecuación, las armas tácticas nucleares, hacen sospechar que la guerra secreta sigue más vigente y activa que en los tiempos de la Guerra Fría, al fin y al cabo sólo había dos opciones, ahora hay tantas opciones como armas en la zona.

 

George Crile (1945-2006), trabajó en CBS News desde 1976, cuando se unió a la cadena para producir The CIA´s Secret Army, su documental pionero en el que describía la historia nunca antes contada de las guerras secretas de la CIA contra Castro tras la invasión de Bahía Cochinos. Este fue el primero de una colección de programas de gran influencia en los que Crile, basándose en su información original, llevó a los espectadores a mundos cerrados e inaccesibles hasta aquel momento. A finales de los 80, mientras cubría la guerra afgana, comenzó un proceso de reportajes e investigación que culminó con su superventas La Guerra de Charlie Wilson. Se trata de la crónica de un episodio olvidado en la consciencia política mundial: la historia de cómo Estados Unidos promovió la única yihad de éxito en la historia moderna, una guerra secreta en Afganistán que le ocasionó a los soviéticos su propio Viet-Nam.

Y es que muchas de las preguntas que el común de los consumistas nos hicimos el 11-S tienen su respuesta en la táctica de entrenar y equipar sólo cierto número de combatientes de tal manera que los soviéticos pensaran que se enfrentaban a tecno guerreros. Los mismos que ahora combaten las tropas de la OTAN y disparan a adolescentes que desean estudiar pero cometen el pecado de ser mujeres.

Los guerreros afganos confiaban en Alá y la CIA para ellos sólo era un medio de Alá para darles la victoria. Pero resulta refrescante ver las claves de por qué surgió la Guerra al Terrorismo de los residuos del último gran frente de la Guerra Fría: muyahidines reforzados en su fe y armados de moderno material de guerra en cantidades suficientes para luego volverse contra sus adiestradores.

Es un libro que se lee con avidez y nos fascina lo que nos muestra, aquello que siempre está oculto: inteligencia y contra inteligencia. Narrado con maestría, se lee con la avidez de un buen reportaje de investigación siendo además un libro de historia.

Pero os dejo unos breves pasajes como siempre, que es mejor que mi verborrea.

 

Una dama sureña de armas tomar contra la URSS y Dios de su parte…

“Se puede decir que la fijación futura de Herring de luchar contra los rusos en Afganistán tuvo su origen en París, cuando de Marenches organizó un encuentro entre ella y su marido con una de las piezas claves de la nombrada red (una red mundial de gente dispuesta a sacrificarlo todo: sus vidas, fortunas y honor, igual que los Padres Fundadores), el brillante embajador pakistaní en Washington y ministro de asuntos exteriores  Sahabzada Yaqub Khan.
A finales de los 70, Pakistán era un país pobre y que no contaba con el favor de Washington. Con la intención de establecer una amistad, Yaqub Khan propuso que Bob Herring fuera el cónsul honorario de Pakistán en Houston. Herring rechazó el puesto pero sugirió que lo ocupara su mujer. Allí empezó la historia de amor de Joanne con Pakistán y, sin duda, uno de los nombramientos diplomáticos más extraños jamás realizados por un país fundamentalista musulmán…

…No había precedentes de una mujer estadounidense que actuara en nombre del gobierno pakistaní por lo que Pakistán le otorgó a Herring es estatus de <<hombre honorario>> y se dirigían a ella como <<señor>>. De vuelta a los Estados Unidos, colocó a los diplomáticos pakistaníes peor considerados en primer plano, incluyéndoles en elegantes cenas de etiqueta con gente del nivel de Henry Kissinger y Nelson Rockefeller. 
Todo marchaba perfectamente hasta que los militares se hicieron con el poder y colgaron al presidente Zulfikar Ali Bhutto, quizá más conocido hoy en día como el padre de Benazir Bhutto. El presidente Jimmy Carter encabezó la condena del nuevo dictador, Mohammad Zia ul-Haq acusándole de matar a la democracia en Pakistán así como de construir una bomba atómica musulmana. Carter retiró toda ayuda militar y económica declarando a Pakistán indigno de la ayuda estadounidense…”

 
El congresista encuentra un hermano de sangre contra la URSS en un oscuro agente de la CIA…

“Esta vez,  Gust Avrakotos no intentó intimidar físicamente a Wilson. En vez de eso, comenzó dejando claro el enorme riesgo que corría personalmente. Nadie sabía lo que estaba haciendo y, si Wilson aceptaba la proposición, nadie debería saber jamás de dónde vino esa idea. Acto seguido, soltó la bomba. Quería otros cincuenta millones.

Era una petición escandalosa. Los oficiales de la Agencia no tienen permitido presionar al Congreso en asuntos monetarios. Ni  siquiera tienen permitido hablar con los miembros del Congreso sin autorización y, además, deben ir acompañados de un testigo.
En este caso, Gust Avrakotos no sólo pedía dinero del que nadie en la séptima planta sabía, sino que era dinero que nadie en Langley  estaba interesado en pedir al Congreso. De hecho, algunos aún ponían trabas a los cuarenta millones de dólares que Wilson le acababa de hacer tragar a la Agencia. El congresista era considerado un hombre salvaje al que había que contener más que incitar. Lo más importante, cualquier petición de nuevos fondos en mitad de una sesión del Congreso podría hacerse exclusivamente si el director estaba dispuesto a llevar el caso ante el presidente. Los cincuenta millones que Avrakotos pedía en aquel momento a Wilson suponían más que todo el presupuesto afgano de aquel año…”

 

Moral muyahidín en la retaguardia hospitalaria yanqui…

“Pero entonces empezaron los problemas. Por alguna razón, aquellos puritanos hombres de las montañas con sus ideas islámicas fundamentalistas, que obligaban a las mujeres afganas a que se cubrieran de la cabeza a los pies, no estaban preparados para las enfermeras estadounidenses prácticamente desnudas. Sin embargo los muyahidines no eran más que hombres, así que es fácil imaginarse cómo reaccionaron ante mujeres jóvenes y rubias con las piernas y los brazos al aire e incluso parte del cuello y del pecho desnudos. El demonio les había enviado la tentación. Aquel problema diplomático de pesadilla recayó sobre su autor, Schnabel. En la mayoría de los casos, consiguió suavizar la situación con las nerviosas enfermeras explicándoles las diferencias entre ambas culturas. Pero no tenía ni idea de qué le diría a la junta del hospital cuando estalló la guerra tribal en una de la salas del hospital…”

 

El fin de un imperio…

“Gorbachov estaba atrapado. Estados Unidos extendía sus tentáculos y por primera vez parecía como si estuvieran preparados para aguantar hasta el final. Ya no estaba claro que los soviéticos pudieran permitirse pagar el precio de la guerra. Les costaría otro medio millón de soldados o más enfrentarse a una situación que empeoraba. Pero dicha situación forzó a Gorbachov a hacer acto de presencia delante de toda la nación para admitir, primero, que existía una guerra y, segundo, que el Ejército Rojo perdía. Imposible.

Aquel febrero, Gorbachov reconoció que Afganistán se había convertido en una llaga para la Unión Soviética. Nadie en el Kremlin sabía que, varios meses después de su discurso, un avión de las fuerzas aéreas estadounidenses aterrizó en la profundidad de la noche en la misma pista militar de Rawalpindi que utilizaban los vuelos McCollum. El jefe de la CIA estaba listo para vigilar el primer envío de `Stinger´. El general Raza del ISI (servicios secretos pakistanís) también estaba allí para asegurarse de que el envío especial se transportaba con seguridad a unas instalaciones aledañas donde un grupo de guerreros sagrados seleccionados comenzarían un entrenamiento de ocho semanas.

Casi todo empezaba a salirles mal a los soviéticos. En abril, con la apertura de la nueva temporada de Afganistán, el general Varennikov tuvo que salir urgentemente de Kabul en una misión urgente de prioridad nacional: el mayor accidente nuclear de la historia ocurrió en el reactor nuclear de Chernóbil contaminando miles de kilómetros cuadrados. Tras enviar a Varennikov, Gorbachov pasó a la clandestinidad y actuó como si nada hubiera ocurrido hasta once días después; y sólo tras las protestas internacionales. Doscientos mil desdichados ciudadanos fueron evacuados y se envió a un gran número de personal para intentar arreglar el desastre.
En vez de desplegar una División en la frontera con Pakistán, Varennikov organizaba equipos suicidas en las cámaras del reactor para limpiar los residuos mortales. El mundo observaba horrorizado. En la Casa Blanca, Reagan les dijo a sus consejeros que, si Chernóbil hubiera ocurrido en Estados Unidos, se habrían visto obligados a detener el armamento. Afirmó que Gorbachov pensaría lo mismo…”

 
Libro recomendado para curiosos que se preguntan cómo se puede bombardear con drones desde Pakistán y por qué Ben Laden estaba allí, la trifulca religiosa entre Irán y Arabia Saudí, que un portaviones nuclear puede llevar el nombre de un pésimo actor que llegó a presidente siendo fieramente anti comunista, para refrescar neuronas de memoria rememorando el frente centro americano de la Guerra Fría, amantes de la historia en turnos de noche y a la suegra que se hará un lío con la nomenclatura sajona, afgana y soviética que nos hará pasar agradables momentos mientras nos repite por enésima vez  que la sopa boba es gracias a su pensión así como amantes del cine que les haya gustado La Guerra de Charlie Wilson.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
http://theadversiterchronicle.org/









 

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