The Adversiter Chronicle

jueves, 21 de abril de 2016

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Un espejo lejano – El calamitoso siglo XIV -
Autor: Barbara W . Tuchman
Editorial: Ediciones Península S. A.
Traducción: José Antonio Gutiérrez-Larraya
Edición: Noviembre de 2000

¿Es cierto que la Historia se repite y se pueden encontrar paralelismos entre unas épocas y otras, entre un siglo y otro siglos después? Podría decirse que este es el argumento de la autora al escribir este libro cuya primera edición data de 1978 y donde compara las vicisitudes sociales, políticas y mortandad del siglo XIV con el siglo XX, pero que visto ya entrado el XXI que la humanidad sigue pecando de los mismos males siglo tras siglo en realidad...

Pero pronto olvidamos el argumento para sumergirnos de su mano en un apasionante siglo XIV donde la peste negra causa estragos poblacionales, los caballeros feudales derrochan el dinero recaudado en fastos y torneos pretendiendo mantener la leyenda de la caballería que en el campo de batalla se muestran contrarios a la misma en sus actos y hechos, los burgueses empiezan a reclamar derechos y el campesinado descubre que son tan capaces de ser protagonistas decisivos en la batalla y surge un nuevo arma que acabará definitivamente con las fortalezas y castillos: el cañón. Para ello el hilo conductor será Enguerrand VII, Señor de Coucy.

Barbara W. Tuchman nació en Nueva York en 1912 y murió en 1989. Periodista e historiadora, se licenció por el Radcliffe College. Empezó a destacar como historiadora y alcanzó fama internacional ganando el premio Putlizer en 1962...

Datos sacados como siempre de la contraportada que en este caso es bastante parca en datos pero seguramente en Internet podréis encontrar más sobre la autora, y sin más unas breves pinceladas que os inciten a su lectura:

Aviñón...
Siendo más accesible que Roma, Aviñón atraía a visitantes de toda Europa. La corriente de oro mantenía a artistas, escritores, letrados, bachilleres en leyes y en medicina, músicos y poetas. Estaba corrompida, pero ejercía el mecenazgo. Todos la criticaban, pero todos acudían a ella. Santa Brígida, noble viuda sueca que vivía en Roma y
deploraba con elocuencia los pecados de la época, llamó a la ciudad papal `campo henchido de orgullo, codicia, relajación y corrupción´. Mas para que haya corrupción se precisa la existencia de dos personas o cosas, y, si prevaricaba, el papado no lo hacía a solas. En el mundo práctico de los cambios de equilibrio político y la consuetudinaria necesidad de dinero que sufrían todos los soberanos, los pontífices y reyes se necesitaban mutuamente y efectuaban los apaños imprescindibles. Traficaban en territorios, soberanías, guerreros, alianzas y préstamos. Un método habitual consistía en promover una cruzada, lo que permitía a los monarcas imponer en cada país un impuesto a las rentas eclesiásticas. El procedimiento no tardó en considerarse un derecho.”

La peste negra...
En octubre de 1347, dos meses después de la toma de Calais, barcos mercantes genoveses aportaron en Mesina (Sicilia) con cadáveres y remeros agonizantes. Procedían del puerto de Caffa (hoy Fedosiya), en Crimea, donde Génova tenía una factoría. Los marineros enfermos mostraban extrañas hinchazones negras del tamaño de un huevo o una manzana en las axilas e ingles, de las cuales brotaban sangre y pues. La dolencia se diseminaba en forma de ampollas y manchas oscuras epidérmicas debidas a los derrames internos. Los pacientes, tras crueles dolores, fallecían a los cinco días de haberse manifestado los primeros síntomas. Aparecieron otros distintos al propagarse la enfermedad: fiebre continua y expectoración
sanguinolenta, en lugar de las hinchazones o bubones. Las víctimas tosían, transpiraban copiosamente y morían antes, a los tres días o menos, y en ocasiones a las veinticuatro horas. En uno y otro caso, hedía cuanto salía de su cuerpo: aliento, sudor, sangre de las bubas y pulmones, y orina y excrementos sólidos ennegrecidos por el flujo sanguíneo. El desánimo y la desesperación acompañaban los indicios corporales, y antes del final `la muerte se contempla cara a cara´. “

Coucy se va a la guerra...
Caballeros de Picardía, Artois, Vermandois y Hainault comparecieron con sus escuderos y hombres de armas para `anticiparse en honor´ en la empresa de Coucy. `Honor´ en el léxico de la caballería significaba lucha contra otros caballeros, en este caso contra los austriacos. La elasticidad del espíritu humano permitía que el honor no se resintiese de la asociación con mercenarios y bandidos. Entre los reclutados figuraban Raoul de Coucy, tío de Enguerrand, los vizcondes de Meaux y Aunay, y otros señores, entre los que descollaba el célebre y atareado guerrero Owen de Gales. Cuando el rey de Inglaterra ejecutó a su padre, se educó en la corte de Felipe VI. Retratado como jovial, altivo, osado y belicoso, Owen había combatido en Poitiers, en las guerras lombardas de la década de 1360, en favor y en contra de los duques de Bar en Lorena, como soldado independiente en España, y con Du Guesclin en las campañas de los años de 1370, durante las cuales había regresado para llevar a cabo una incursión en las islas del canal de la Mancha y capturar al captal de Buch.”

Pueblo llano...
A medida que los amos se enriquecían, los trabajadores se hundían sin perspectiva de mejora. Se impidió que ingresaran en los gremios los jornaleros ordinarios, y la calidad de miembros se reservó, con complicados requisitos y matrículas, para los hijos y parientes de la clase dirigente. En muchos oficios, el trabajo se entregaba a los obreros en sus propias casas, a menudo con salarios inferiores para sus mujeres y prole, cuyo empleo vedaban los gremios. Las fiestas religiosas obligatorias, que iban de ciento veinte a ciento cincuenta al año, apenas permitían ganar jornales. Aunque se prohibían las huelgas y, en algunas ciudades, las reuniones, los obreros formaron asociaciones propias para imponer sueldos más elevados. Tenían derechos, cajas y relaciones a través de las fronteras, por medio de los cuales se aseguraban ocupación y alojamiento a los asociados, y que indudablemente servían de canales para la agitación.”

El sitio de Berbería....
"Los transportes genoveses esperaban a los expedicionarios de Francia en Marsella. Desde esta ciudad zarparon hacia Génova en busca de provisiones, arqueros, peones y nobles extranjeros. Los caballeros y escuderos serían de mil cuatrocientos a mil quinientos, y el total de las fuerzas frisaría en cinco mil hombres, sin contar tal vez los mil marineros que tripulaban unas cuarenta galeras y veinte barcos de carga. Borbón, Coucy, Eu y el valiente Soudic desembarcaron por invitación del dux de Génova, que les regaló especias, jarabes, ciruelas de damasco y `licores buenos para los enfermos´. Pero no bastaron para compensar la escasez de provisiones. Borbón tuvo que agregar doscientas barricas de vino, doscientas hojas de tocino y dos mil pollos para los enfermos y heridos. La falta de espacio obligó a renunciar a muchos caballos que se vendieron a la mitad de su valor para ahorrarse su manutención. En el inesperado final, hubo una situación embarazosa sobre quién bendeciría la flota, puesto que los franceses y genoveses aceptaban papas distintos. Se salió del paso, en beneficio de la guerra y con olvido del cisma, haciendo que dos sacerdotes, en representación de ambos pontífices, se encargaran de los oficios religiosos.”

Nicópolis...
Ni los asaltos impetuosos, ni minas capaces de contener a tres hombres uno encima de otro, forzaron la entrada en Nicópolis. La falta de máquinas de sitio y las empinadas
laderas imposibilitaron tomar la plaza. Hubo que recurrir al cerco. Los cruzados ciñeron Nicópolis por completo, vigilaron las salidas y, con la colaboración del bloqueo aliado por el río, se dispusieron a vencer por hambre a la guarnición y los habitantes. Discurrieron dos semanas de relajación de la disciplina, de festines, juegos, orgías y gritos de desprecio al enemigo que no comparecía. Se invitó a los aliados a espléndidos banquetes en pabellones adornados con pinturas; los nobles cambiaron visitas y aparecieron a diario con vestidos nuevos de mangas largas y los inevitables zapatos puntiagudos. No embargante la hospitalidad, los rencores crecían con las brumas y comentarios sarcásticos sobre la bravura de los no franceses. No se apostaron centinelas por obra de la embriaguez y el descuido. Los naturales de la región, enfurecidos por el pillaje, no aportaron informaciones. Sin embargo, los forrajeadores, que cada día tenían que internarse en el país, comunicaron rumores de la aproximación de los turcos.”

Disposiciones finales de Coucy...
Ante todo y sobre todo, dispuso que le enterrasen en Francia a tenor de su testamento anterior (especificó el entierro de su cuerpo en Nogent y el de su corazón en su fundación de la Saint-Trinité de Soissons). En el mismísimo fin del codicilo, como si recapacitase las posibles dificultades de embalsamar y transportar su cadáver a la patria, encomendó a sus albaceas que devolviesen sin falta sus huesos y corazón. En una época en que la creencia oficial repetía que el cuerpo era basura y la vida del alma en el más allá lo único que importaba, resultaba notable el puntilloso cuidado con que se estudiaban los detalles concernientes a sus restos.”

Delicioso libre donde el acierto de la autora reside en mostrar de forma didáctica pero amena, divulgativa sin caer en la pesadez y engarzando las distintas fuentes para arrojar luz a lectores alejados de las coordenadas medievales sobre el azote de la peste, el cisma papal, la Guerra de los Cien años, las inquietudes sociales derivadas de la toma de conciencia de clase del pueblo llano y en definitiva la doble cara de la caballería donde la práctica era todo lo contrario de lo que predicaban traicionando el ideal.

Recomendable para apasionados y interesados en la Edad Media, lectoras de novela histérica que descubrirán que la historia real es más apasionante que la ficticia y algunas claves de la idiosincrasia anglo-francesa que explican algunos de los males de Europa donde la diferencia de mortandad aumentó en cada siglo a mayor que el siglo anterior llegando al punto actual donde las epidemias ya no causan estragos pero el ser humano es la principal causa de muerte de seres humanos, ya sea a pepinazos nucleares o cerrando fronteras y mirando para otro lado cuando cientos de vida cada día perecen en el Mediterráneo tratando de alcanzar el sueño europeo...
Libro de lectura obligada si tenéis ocasión.


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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