The Adversiter Chronicle

lunes, 23 de mayo de 2016

"El ojo púbico", por P. Gargajo Bilioso


Una sección de Palomino Gargajo Bilioso
en exclusiva para The Adversiter Chronicle

Cretina prohibición de la estelada en la final de la Copa del Rey

La prohibición hasta que un juez dijo lo contrario de portar banderas llamadas esteladas por parte del público asistente a la final en Madrid de la Copa de S. M. El Rey entre el Sevilla y F. C. Barcelona por parte de la delegada del gobierno en la Comunidad de Madrid doña Concepción Dancausa, pese a que a cierto sector de la ciudadanía lo consideró un acierto, ha de encender las luces de alarma de la sociedad y es una prueba irrefutable de cretinismo político y signo de uno de los males de PP como partido de gobierno, ahora en funciones, del señor Rajoy.

Parece que en el PP consideran que ser delegado o delegada del gobierno es un puestín que no merece unos mínimos de capacidad política y sirven como prebenda de poltrona por los servicios prestados o retiro de dinosaurios cuyas formas y maneras, si bien sirvieron en su momento, ya son historia y los resultados de su gestión como gerifaltes políticos se vuelven en histeria como sucede en el Principado de Asturias por citar un ejemplo de retiro dorado y, de paso, fin de carrera con lustre a ver si su influencia política se reduce...

En el caso de la delegada del gobierno en Madrid sorprende su falta de conocimiento y la ineptitud de sus asesores, si los tiene, para no meter la pata garrafalmente. Desde un punto de vista democrático y mirando objetivamente, la prohibición suena a intento electoral para atraerse a esa parte del electorado de derechas que cultiva el mito del franquismo y suele quedarse en casa a la hora de votar o votan a formaciones de extrema derecha que, en apariencia, tratan de preservar el legado de José Antonio Primo de Rivera con la esperanza de conseguir más votos de los logrados en las últimas elecciones generales. Gran metedura de pata por cuanto esa minoría de electorado espanta a la mayoría y resulta un dinosaurio para las generaciones de votantes nacidas ya en democracia.

Otra hipótesis para tal prohibición es que la bandera prohibida representa valores anti democráticos y de ofensa al Estado pero soprende que autorizara una manifestación fascista cuando el fascismo cumple esas dos condiciones no sólo de manera teórica sino que fue llevada a la práctica con la consecuencia de que se libró una guerra mundial para acabar con ellos, pese a que el fascismo de izquierdas perduró hasta 1989 y perdura en un puñado de países. La diferencia que pareció ignorar la delegada del gobierno es que la polémica bandera no es ilegal y el fascismo, sus ideas de llevarlo a la práctica, sí lo son.

Sin embargo políticos de relumbrón y parte de la sociedad sí consideraron adecuada tal prohibición, pero no es pecado de la ciudadanía, sí de la clase política y portavoces en los mass media, que se encontraron ante hechos consumados que además dieron alas al movimiento secesionista catalán que, ahora sí con motivo, pudo presentarse con su disfraz habitual de mártires padres de la patria por la opresión del Estado. Sólo esta garrafal consecuencia, previsible por otra parte, ya debería significar el cese fulminante de la delegada por torpe y crear riesgo de enfrentamiento en un evento deportivo. Afortunadamente se ha impuesto la legalidad y la independencia de los jueces para devolver a su sitio algo que nunca debió ser sacado del mismo: el derecho a la libertad de expresión y portar banderas siempre y cuando no atenten a la legalidad vigente.

La culpa de que el deporte se vea salpicado de polémicas políticas no es culpa del aficionado, es culpa de una clase política que permitió desde la muerte del dictador
que se politizara el fútbol. Los secesionistas vascos y catalanes veían en los campos de fútbol el vector publicitario para dar la imagen de que las sociedades vascas y catalanas querían la independencia, esos campos con hinchadas portando ikurriñas y esteladas acojonaban y daban la sensación de un fervor social demandando independencia. Al otro lado de la trinchera, los clubs de fútbol alentaron que parte de las gradas acogieran forofos portando banderas nazis y franquistas facilitando incluso espacios en los estadios para guardar sus pertrechos y facilitando los desplazamientos con la bendición de las directivas y la vista gorda de las autoridades políticas pese a las evidencias para los cuerpos de seguridad del caldo de cultivo de violencia y actividades ilegales que representaban tales favoritismos...

La estelada no es ilegal, pedir como se pidió por parte de la clase política y parte de la ciudadanía en las redes sociales que si se pitaba el himno se suspendiera o se jugara a puerta cerrada la final sólo denota el mismo grado de ignorancia y de cretinismo que la delegada del gobierno en Madrid, salvo que ella fue la inductora de tal comportamiento con su decisión de prohibir el acceso al estadio portando la bandera de marras. Si defendimos que la ikurriña pudiera agitarse en el pasado festival de Eurovisión, hay que defender que la estelada pueda agitarse en un evento deportivo por que es la misma base legal para ambas y el argumento de que la ikurriña representa el terrorismo de ETA y la estelada induce a la secesión y la violencia sólo es la valentía que produce la ignorancia.

La polémica es la prueba también del grado de aturdimiento a base de hostias económicas y políticas de una sociedad que sufre y padece los efectos nocivos y males endémicos de un sistema caduco en formas y algunas maneras, de que se hace necesario ya emprender reformas no sólo de tipo económico, también políticas. Eso no significa caos ni revolución ni pérdida de identidad común, significa que el actual sistema que produce una clase política que se pone nerviosa y pone nerviosa a los demás debe ser sustituida ya por otra donde su poder emane del procedimiento democrático de su elección desde la base y los méritos sean por capacidad de gestión sin que la edad sea un obstáculo pero sí el meritaje en base a favores prestados y compadreo a la hora de sisar en las cuentas públicas.
Se jugó la final, se portaron esteladas y no ocurrió nada: la delegada sigue en su puesto.
Así de simple y así de complicado.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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