The Adversiter Chronicle

jueves, 2 de junio de 2016

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: 1421 – El año en que China descubrió el mundo -
Autor: Gavin Menzies
Editorial: Grijalbo
Traducción: Francisco J. Ramos
Edición: Cuarta edición; diciembre, 2004

Delicioso libro el que traemos hoy por dos razones al menos: una para curarnos de soberbia occidental y descubrir que aunque Colón, Magallanes y Cook pasaron a la historia por ser los primeros en descubrir nuevas tierras pues resulta que hicieron trampas porque llevaban en sus viajes mapas que indicaban con certeza y casi total exactitud que había tierra más allá del horizonte y las supersticiones marineras europeas; y la segunda para comprender un poco más de la cultura china a través de sus proezas marineras y, en breves pinceladas, sorprendernos en ocasiones como cuando descubrimos que los grandes almirantes al mando de sus flotas imperiales eran eunucos...

Quitando coñas más o menos recurrentes para hacer cuchufletas con el tema de los eunucos lo cierto es que es un viaje apasionante en la investigación de evidencias físicas y tangibles para demostrar que mapas antiguos que describen costas de tierras desconocidas a ojos occidentales no son obra de alienígenas sino de la labor y el trabajo por parte de China para poder navegar con exactitud en base a los eclipses de luna y las estrellas teniendo para ello que realizar mediciones simultáneas exigiendo todo ello el despliegue de flotas por las latitudes ya por ellos conocidas. Hay evidencias en todas las costas en que arribaron y establecieron colonias ya que el segundo objetivo de los viajes era afianzar el poder imperial mediante tributos y relaciones comerciales...

Hasta que en el siglo XV un nuevo emperador decide aislar a China y abandonar el comercio exterior destruyendo todo testimonio escrito de los viajes y sus hazañas.


Gavin Menzies nació en China en 1937 y allí vivió los dos primeros años de su vida. Oficial de la Royal Navy, en la que ingresó en 1953, ha servido durante toda su vida profesional en submarinos, embarcado en los cuales siguió la estela de los viajes de Colón, Bartolomé Días, Álvaro de Cabral y Vasco de Gama. Al mando del HMS Rorqual (1959-1970) navegó por los mismos rumbos que Magallanes y Cook. Para preparar este libro visitó 120 países, más de 900 museos y bibliotecas y los puertos que fueron más importantes en la Edad Media.
Datos sacados como es habitual de la contraportada actualizados en el año de su edición, pero sin más verborrea por mis partes os dejo unas breves líneas que os inciten a su lectura:


Los eunucos en la China imperial...

Los eunucos habían sido `sirvientes de palacio´, guardianes del harén y espías´ en todo el mundo antiguo, en Roma, Grecia, el norte de África y gran parte de Asia, y también habían desempeñado un importante papel a lo largo de toda la historia china. Curiosamente, eran extremadamente leales a los mismos emperadores que habían autorizado su mutilación. Había habido eunucos en la corte imperial como mínimo desde el siglo VIII a. C., y en la capital y sus alrededores se empleaba a nada menos que setenta mil de ellos. Sólo a los varones asexuados se les permitía ejercer de sirvientes personales del emperador y custodiar a las mujeres de su familia y los aposentos ocupados por sus concubinas en el `Gran Interior´, dentro de los muros de palacio. Los emperadores mantenían a miles de concubinas como símbolo de su poder y con el fin de asegurarse varios descendientes varones en una época en la que la mortalidad infantil era elevada; garantizar la continuidad de la dinastía y el culto a los antepasados constituía una parte fundamental de los ritos culturales chinos. Quienes no eran eunucos, incluidos los parientes del emperador y sus consortes, tenían prohibido acercarse a los aposentos de las mujeres bajo pena de muerte. La ausencia de varones potentes aseguraba que cualquier niño nacido de las concubinas era hijo únicamente del emperador.”

Zheng He, el almirante eunuco...

Las expediciones de Zhen He se habían hecho progresivamente más audaces. La primera, entre 1405 y 1407, llevaba sesenta y dos barcos del tesoro tripulados por veintisiete mil ochocientos hombres. De camino hacia Malaca, visitaron Camboya y Java, y luego aprovecharon el siguiente monzón del sudoeste para dirigirse a Sri Lanka y Calicut, en la costa occidental de la India. Un incidente ocurrido en este viaje cimentó entre los marineros la creencia de que Zheng He se hallaba bajo la protección divina. En medio de una tormenta tan feroz que los marineros se pusieron a rezar a Shao Lin para que salvara sus vidas, una luz divina -seguramente un fuego de San Telmo, una descarga eléctrica luminosa que a veces se puede ver durante una tormenta en el mar- apareció en la misma punta de los mástiles del buque insignia de Zheng He. `Apenas apareció esta luz milagrosa, el peligro se apaciguó´.”

Navegando por las regiones polares...

Sin embargo, la perspectiva de navegar por aquellas heladas regiones poco habría aterrorizado a los chinos, que tenían tras ellos ocho siglos de experiencia navegando por las latitudes polares septentrionales y una tradición de mil años de navegación a través de los hielos, ya que el puerto más cercano a Pekín, Tanguu, está cubierto de hielo durante tres meses al año. Descubrí la primera evidencia anecdótica de que los chinos realmente habían tratado de navegar hacia el Polo Sur tras dejar la bahía de Cook en un relato de los viajes de un joven noble de Bolonia, Ludovico de Varthema, en 1506. Ludovico de Varthema había navegado entre Borneo y Java, donde le explicaron una extraña historia. Sus compañeros, dos cristianos chinos y un piloto de las Indias orientales, le dijeron que unos marineros del otro lado de Java (el lado chino) habían navegado por la Cruz del Sur hacia regiones donde hacía mucho frío y los días duraban sólo cuatro horas. ¿Cómo podían haberlo sabido sin haber navegado realmente por allí?

Evidencias en Nueva Zelanda...

Más al norte, en la costa occidental de la isla del Norte de Nueva Zelanda, en 1875 una violenta tormenta desenterró la cubierta y los costados de parte de un barco grande y muy antiguo. Estos restos se encontraron cerca de la desembocadura del río Torei Palma, en Whaingaroa; se conocen como el `Barco de Ruapuke´ debido al nombre de la playa. Se dijo que el barco tenía una tablazón diagonal, y que sus mamparos interiores se mantenían unidos mediante grandes clavos de latón, cada uno de los cuales pesaba 6,3 kilogramos. Sin embargo, hubo cierta polémica en torno a la cuestión de la madera de la que estaba construido el barco. Quienes encontraron los restos se encontraron en la zona varios fragmentos de roble europeo, lo que llevó a los expertos a concluir que un barco de dicho continente había naufragado allí.”

Chinos en el Caribe...

Los mapas del Caribe del Almirantazgo Británico me permitieron visualizar un
panorama de la zona completamente nuevo. En 1421, inmensas áreas que actualmente se hallan sumergidas o bien habrían estado netamente por encima del agua, o bien se habrían mostrado como rocas y arrecifes alternando con zonas de agua y bajíos. En 1421 los bancos y arrecifes que forman el denominado `banco de las Bahamas´, que se extiende al sur de las islas Andros hacia Cuba, habrían estado por encima del agua hasta la latitud del trópico de Cáncer, y las numerosas crestas de arena que el mapa actual califica de `casi descubiertas´ se habrían mostrado también netamente por encima del nivel del mar. A los cartógrafos chinos, todo lo que va desde Cayo Guajaba, en la mitad de la costa septentrional de Cuba, hasta la latitud de Miami les habría parecido una gran isla sin apenas elevaciones, una extensión de Cuba.”

Ciencia china de navegación...

La extraordinaria exactitud de esta medición china del tiempo queda ilustrada por su cálculo de la longitud de la lunación -el intervalo entre dos lunas nuevas-, que estimaron en 29,530591 días. Esta cifra produciría un error de menos de un segundo por mes. Utilizando estos métodos, la medición de la hora sólo se podía realizar cuando el sol se hallaba sobre el horizonte. Las mediciones después del anochecer se llevaban a cabo utilizando clepsidras, que se calibraban a la luz del día con un gnomon. Con sus gnomon y clepsidras, los chinos podían determinar el paso del tiempo, día a día, minuto a minuto y segundo a segundo, tanto de día como de noche. Podían asimismo prever y utilizar los eclipses totales de luna que tenían lugar en algún lugar del globo aproximadamente cada seis meses.”
 
Los europeos sabían que había tierra...

Toscanelli envió, pues, un mapa a Colón en que se mostraba la ruta occidental a través del Atlántico, pasando por las Antillas. Asimismo, transmitió la información de Dei Conti a Martin Behaim (1459-1507), que trabajaba para el gobierno portugués. Más tarde,
Behaim mostraría el estrecho que llevaba del Atlántico al Pacífico tanto en el globo terráqueo que fabricó en 1492 como en sus mapas, mientras que Magallanes reconocería que antes de zarpar había visto esos mapas en Portugal. Varios relatos más mencionan el hecho de que Magallanes examinó los mapas de Toscanelli conservados en el Tesoro portugués. Únicamente podemos imaginar el extraordinario impacto que dichos mapas, basados en los viajes chinos de 1421 a 1423, debieron de tener en los europeos, puesto que trazaban los límites de océanos inmensos y desconocidos, y de territorios como Sudamérica y la Antártida, cuya mera existencia hasta entonces se había considerado una cuestión oscura e incierta.”


Legado de la China imperial y sus flotas del tesoro...

El legado de aquella edad de oro en la que el poder y la influencia de China se extendieron desde Japón hasta África, y aún más allá, hasta abarcar el mundo entero, aún perdura. La arquitectura budista china adorna los horizontes urbanos de toda Asia, desde Malaca hasta Kobe. La seda china de la dinastía Ming se extiende desde África hasta Japón; su espléndida cerámica azul y blanca, desde Australia hasta Manchuria, y las tumbas de muchos lugares del globo dan testimonio de la joyería de jade china de la época. Aun el viajero más indiferente que recorra el sudeste asiático se verá impresionado por la difusión del legado chino. Desde Sumatra y Timor hasta Japón, sigue habiendo comunidades unidas por el comercio, la religión y una lengua escrita heredada de China. A lo largo de cuatro mil kilómetros de este a oeste, e igual distancia de norte a sur, se conserva la huella de la China imperial, la impronta de un coloso.”

Libro imprescindible para el público en general, aficionados a la historia marítima e ideal para ilustrarse un poco en turnos de noche veraniegos de calma chicha, convalecencias en reposo y en definitiva para saber más de la mano de un profesional de los mares que sin farragosidades y de forma amena y didáctica nos permite acompañarle en su investigación para probar que hubo descubridores antes de los europeos que trazaron mapas y que el mundo no gira alrededor del ombligo de Occidente ni que los chinos y su cultura son menos que cualquier otra. Estuvieron donde nadie había estado antes, crearon vínculos culturales y comerciales amén de descubrir nuevas culturas y todo ello bajo una base científica que les permitió calcular y precisar en mapas tanto la latitud como la longitud de los sitios que visitaban en sus singladuras...
¡Sencillamente apasionante!


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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