The Adversiter Chronicle

lunes, 25 de julio de 2016

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: El hombre sin rostro
– El sorprendente ascenso de Vladimir Putin -
Autor: Masha Gessen
Editorial: DEBATE
Traducción: Juan Manuel Ibeas Delgado y Marcos Pérez Sánchez
Edición: Primera edición, marzo de 2012

Buen momento para tratar de comprender un poco de la siempre incomprendida Rusia y su ciudadanía y preguntarnos si la democracia, el parlamento y la clase política gobernante sólo son una fachada para mantener un sistema soviético de gobierno y control de la población adornada de consumismo, ínfulas imperialistas, músculo militar y variados medios de comunicación que lejos de ser ejemplo de pluralidad son en realidad voces monocordes al servicio de Putin y su sistema...

Así que aprovechando la más rabiosa actualidad a tenor del escándalo de dopaje de los atletas rusos que pueden ver peligrar su participación en los JJOO de Río de Janeiro, desde luego digno el escándalo de los mejores tiempos de la URSS, visitamos este libro de estilo documental y vigor periodístico de la periodista y autora de varios libros Masha Gessen, pero poco puedo decir ya que la contraportada es parca en datos pero destaco que ha colaborado con Vanity Fair, The New Republic, Granta y Slate y que en el año de la edición vivía en Moscú y era editora de la revista rusa Snob.

A través de la historia del ascenso al poder de Vladimir Putin asistimos a los apasionantes momentos en que la URSS toca a su fin y se produce el desmembramiento en repúblicas del antiguo imperio soviético, de los intentos a marchas forzadas de instaurar una democracia consumista y finalmente la instauración en el poder de un ex KGB que ha logrado que el sistema soviético de poder centralista y todo poderoso haya logrado llegar a la Rusia de hoy en día haciendo creer la ilusión a sus conciudadanos de que son una democracia y ser aceptado por el resto de potencias y bloques económicos como mal menor de una siempre temida, a la vez que respetada, historia de relaciones de Rusia con el resto de Europa.
Pero sin más unos breves esbozos que os animen a su lectura:

Boris Yeltsin...
El gobierno de Yeltsin había cometido el grave error de no afrontar el dolor y el miedo del país. A lo largo de la década, Yeltsin, que había sido un verdadero populista, montando en autobuses y subiéndose a los tanques -lo que la situación exigiese-, se fue retirando a un mundo impenetrable y extremadamente protegido de limusinas negras y reuniones a puerta cerrada. Su primer ministro, el joven y brillante economista Yégor Gaidar, epítome de las reformas económicas postsoviéticas, dejó bien claro en público que pensaba que el pueblo era demasiado estúpido como para tener algo que decir sobre las reformas. El pueblo ruso, abandonado por sus líderes en su momento de duelo, buscó consuelo en la nostalgia; no tanto en la ideología comunista, que hacía décadas que había agotado su capacidad de inspiración, sino en un anhelo por recuperar para Rusia el estatus de superpotencia. En 1999 la tensión podía palparse en el ambiente, lo que justificaba en gran medida los miedos de Yeltsin y la Familia.”

Nuevo líder desconocido...
El 26 de enero de 2000, exactamente dos meses antes de las elecciones, el moderador de  una mesa redonda sobre Rusia en el encuentro anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, preguntó: `¿Quién es el señor Putin?´. Chubáis, el hombre que siete meses antes defendía que Putin sería el sucesor ideal, tenía el micrófono en la mano cuando se oyó la pregunta. Se revolvió y miró inquisitivamente a un antiguo primer ministro ruso que estaba sentado a su derecha, que también se mostraba claramente reacio a contestar. Los cuatro miembros de la mesa empezaron a mirarse entre sí con inquietud. Tras medio minuto así, la sala estalló en carcajadas. La mayor extensión de terreno del mundo, una tierra con petróleo, gas y armas nucleares, tenía un nuevo líder y sus élites económicas y políticas no tenían ni idea de quien era. Ciertamente gracioso.”

KGB...
Poco más de un año después (1989), cuando un liberal designado por Gorbachov llamado Vadim Bakatin se puso al mando del KGB con el propósito de desmantelar la institución, descubrió que lo más desconcertante y difícil de manejar era la reserva activa. `Eran agentes del KGB que estaban empleados oficialmente en todas las organizaciones estatales y cívicas de alguna importancia -escribió-. Por lo general, gran parte del personal de la organización, si no todo, era consciente de que aquellas personas trabajaban para el KGB. Los agentes de la reserva activa realizaban funciones muy diversas: algunos de ellos se encargaban de los intersticios de los sistemas de seguridad, mientras que otros controlaban la actitud y las conversaciones en las instituciones y tomaban las medidas que considerasen apropiadas con respecto a los disidentes …Desde luego, existen situaciones en las que una policía secreta necesita tener una persona introducida en una u otra organización, pero lo lógico es suponer que una operación de este tipo sea secreta. ¿Qué clase de servicio secreto tiene un personal que cualquiera puede identificar?... Era un monstruo que extendía sus tentáculos por toda la sociedad soviética. Vladimir Putin decidió ocupar un puesto en el extremo de uno de aquellos tentáculos.”

San Petersburgo en 1996...
Los problemas económicos de San Petersburgo hacían que el resto de Rusia pareciera  acomodada en comparación con ella. Tres cuartas partes de la población de la ciudad vivían por debajo del umbral de pobreza. Sus infraestructuras, que ya eran débiles a finales de los años ochenta -y que aportaron parte del impulso del movimiento informal de preservación-, estaban en ruinas. Las calles no se habían vuelto a pavimentar desde hacía tanto tiempo que, cuando llovía o nevaba -algo frecuente en esta ciudad costera del norte-, las calles se convertían en ríos de barro. El transporte público era obsoleto; la ciudad no renovaba autobuses que debían ser retirados. En una ciudad formada en su totalidad por grandes edificios de apartamentos, los ascensores que funcionaban se estaban extinguiendo. El suministro eléctrico en el centro de la ciudad iba y volvía. En los estudios sobre los niveles relativos de la vida en las ciudades rusas, la segunda ciudad del país ocupaba habitualmente puestos por detrás del número veinte.”

¿Desmantelando la democracia?
El 13 de mayo de 2000, seis días después de tomar posesión, Putin firmó su primer decreto y propuso una serie de leyes, todas dirigidas, según dijo, a `fortalecer el poder vertical¨. Supusieron el inicio de una profunda reestructuración de la composición
federal de Rusia o, dicho de otro modo, el comienzo del desmantelamiento de las estructuras democráticas del país. Una de las leyes sustituía a los miembros electos de la cámara alta del Parlamento por miembros nombrados: dos por cada una de las ochenta y nueve regiones rusas, uno nombrado por el gobernador de la región y otro por la asamblea legislativa. Otra ley permitía que los gobernadores elegidos por votación popular fuesen destituidos del cargo por la mera sospecha de haber cometido algún delito, sin sentencia judicial. El decreto implantaba siete enviados presidenciales a siete grandes territorios del país, cada uno compuesto por una docena de regiones, cada una de las cuales elegía a su vez a su asamblea legislativa y a su gobernador. Los enviados, nombrados por el presidente, supervisarían el trabajo de los gobernadores electos.”

Métodos soviéticos...
El 24 de noviembre de 2008, Serguéi Magnitski fue detenido en relación con el mismo   plan de malversación que estaba intentando denunciar. Igual que su cliente tres años antes, al principio estaba seguro de que se trataba de un malentendido que pronto se aclararía con la ayuda de sus abogados. En la primera audiencia judicial, argumentó que debía ser puesto en libertad, entre otras razones, porque su hijo pequeño estaba enfermo de gripe, era evidente que estaba seguro de que su problema se resolvería en cuestión de días. Pero no sólo no fue puesto en libertad, sino que las condiciones de su detención empeoraron constantemente, yendo y viniendo entre dos cárceles de Moscú. No se le permitió ver a su esposa ni a su madre. Se puso enfermo y se le negó repetidamente la atención médica que necesitaba. El 16 de noviembre de 2009, Serguéi Magnitski murió en prisión a los treinta y siete años de edad.”

Libro interesante que nos muestra una crónica de hechos y sucesos que paso a paso y con Putin como líder han llevado a un gobierno de Rusia con alma soviética, eliminando sin piedad los obstáculos que no son otra cosa que los garantes democráticos de buen gobierno emanado de la voluntad de la ciudadanía. Tras su lectura podemos llegar a preguntarnos si en realidad, igual que Putin, lo que le ocurre a Rusia es que está gobernada por un sistema nutrido de personas que, preparadas para servir a la URSS, por instinto y una vez llegada la democracia no supieron adaptarse a las nuevas coordenadas y volvieron a lo conocido, a lo único que conocieron. Porque Putin al igual que el resto de similares, necesita unos subordinados que cumplan las directrices sin plantearse dilemas...

Recomendable a inquietos de la actualidad, votantes de izquierdas que aún creen en ideologías demostradas inútiles y en general para conocer un poco más de la historia reciente de Rusia tras el fin de la URSS y la etapa de Boris Yeltsin. Nada de dejarlo a la suegra, que, en lugar de informarse, encontraría argumentos para reforzar su dictadura de la sopa boba mientras dure la crisis y estar en el paro...
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/






 
                                                      


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