The Adversiter Chronicle

jueves, 19 de enero de 2017

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Enrique VIII, el Rey y la Corte
Autor: Alison Weir
Editorial: Ariel S. A.
Traducción: Jordi Beltrán Ferrer
Edición: 2003

Terminábamos el año con uno de esos personajes históricos que todos conocemos y casi todos desconocemos como era María Antonieta la última reina de Francia y comenzamos el año con otro personaje de similar característica en la memoria colectiva de personajes históricos como es Enrique VIII, monarca inglés del siglo XVI del que todos sabemos que se casó varias veces y ordenó cortar las cabezas de varias de sus mujeres.

La autora, que no trae la contraportada datos biográficos y sólo cita que vive y trabaja en Surrey, nos lleva de la mano a la vida de un rey renacentista que supo utilizar el arte, la arquitectura y la corte como campaña publicitaria de su magnificencia tanto para sus súbditos como para los embajadores extranjeros, ansioso por tener un heredero y eliminando a sus rivales, sirviéndose de validos para el gobierno diario y adquiriendo cotos de caza y palacios, que se hizo cabeza de su propia Iglesia en plena época de expansión del protestantismo pero que se le recuerda por tópicos cinematográficos más que por su verdadera imagen...
Pero sin más, unos breves pasajes que os inciten a su lectura:

Enrique VIII...
Enrique VIII subió al trono en 1509, en medio de grandes aclamaciones. Poseía todas las virtudes que se esperaban de un príncipe del Renacimiento. Pese a ello, al morir en 1547 había adquirido fama de ser un tirano cuyas manos empapaba la sangre de las numerosas personas a las que había ejecutado, entre ellas dos de sus seis esposas. Por haberse casado tantas veces, ha pasado a la historia como un verdadero Barba Azul. A lo largo de los siglos, la verdad sobre el rey se ha visto desdibujada por la leyenda, que culminó con la caricatura que de él hizo Charles Laughton en la película de 1933 `La vida privada de Enrique VIII´. Gracias a ella, Enrique sigue vivo en la imaginación popular como un hombre que sólo pensaba en perseguir a las mujeres y que echaba huesos de pollo por encima del hombro mientras presidía banquetes cortesanos en la gran sala.”

Un rey renacentista...
Al principio, la influencia borgoñesa imperaba en la corte de Enrique. Enrique VII había poseído ejemplos de arte y escultura italianos, pero sólo en el campo de la erudición, en el cual al redescubrimiento y el estudio de la literatura clásica de la Grecia y la Roma antiguas se le dio el nombre de <<Nuevo saber>>, había surtido el Renacimiento italiano algún efecto en Inglaterra. Sin embargo, durante el primer decenio del reinado de Enrique VIII, la influencia renacentista empezó a ser visible en la arquitectura, la decoración, el arte y otros campos. Enrique fue el primero en darse cuenta de lo valiosa que podía ser la avanzada cultura italiana para un rey que quería estar en la vanguardia de los asuntos europeos y de la utilidad que podía tener para realzar su majestad.”

De caza...
Cuando era joven, Enrique salía de caza con un enorme séquito de cortesanos, pero en 1526 se limitó su número porque su ausencia dejaba la corte `desguarnecida´ y, con el tumulto que armaban, `echaban a perder la diversión del rey´. A partir de entonces, el rey se llevaba sólo un puñado de sus íntimos. En su inventario constan numerosos artículos de caza y otros deportes, muchos de ellos embutidos en armarios de sus aposentos privados. Dos de sus `cuchillos de monte´ o espadas de caza, uno con escenas de una cacería de jabalíes grabadas en él, otro damasquinado en oro, fueron obra del espadero español Diego de Cayas y todavía se guardan en la Colección Real.”

Joyas...
Durante el reinado de Enrique VIII, las joyas de estilo medieval dieron paso a los diseños renacentistas o `antiguos´, entre los que destacaban los camafeos y los grabados con motivos clásicos. El anillo del propio rey era de oro y en su parte posterior tenía un sello con un grabado, una gema -en este caso una calcedonia- con un dibujo grabado. Los retratos de cabeza aparecían no sólo en camafeos, sino también en medallones y en miniaturas que se engarzaban en colgantes, broches y anillos. Muchas joyas estaban adornadas con motivos de la naturaleza -flores, pájaros, peces y hojas- y gran número de ellas eran marcadamente simbólicas y a menudo daban cuerpo a alusiones visuales o juegos de palabras."

Intermediación papal...
El cardenal Campeggio llegó a Londres en octubre de 1528. Según las instrucciones secretas que le había dado el papa, debía procurar que el rey y la reina se reconciliaran, pero, si eso no era posible, debía persuadir a Catalina a ingresar en un convento, con lo cual Enrique sería libre de volver a casarse. Campeggio no tardó en ver que no había ninguna posibilidad de lograr lo primero, y la reina dijo muy claramente que no tenía ninguna vocación para la vida religiosa: insistió en que era la esposa legítima del rey y que nada la haría decir lo contrario. En cuanto a Wolsey, que expresó el punto de vista opuesto, Campeggio no tuvo mayor éxito con él de que habría obtenido `hablando con una roca´. Además, pronto resultó obvio para el legado qué era lo que movía al rey, e informó a Clemente de que: `No ve nada, no piensa en nada salvo en Ana; no puede pasarse ni una hora sin ella. La besa constantemente y la trata como si fuera su esposa´. Con todo, estaba totalmente seguro de que `no habían llegado a ninguna unión final´. “

Política imperial...
El emperador ansiaba tanto ahora establecer una alianza con Enrique VIII que se mostraba dispuesto a la conciliación. Poco antes había impedido que el papa diera a conocer la sentencia de excomunión que privaría a Enrique de su trono y, ahora que su tía Catalina había muerto, estaba deseoso de ofrecer al rey su apoyo para `la continuación de este último matrimonio´ con Ana Bolena, `o en otro respecto´, a cambio de que la hija de Catalina, María, fuera declarada legítima. Cronwell estaba convencido de que , dada la amenaza de excomunión, una alianza con el imperio era imprescindible para la seguridad de Inglaterra, e incluso la facción de los Boleyn había decidido abandonar sus esperanzas de llegar a un nuevo acuerdo con Francia y dar su apoyo a un entendimiento con Carlos.”

Decepción del rey con Ana de Cleves...
Cuando el rey y cinco de sus caballeros se presentaron en el alojamiento de Ana de Cleves en Rochester el 1 de enero de 1540 iban todos vestidos con capas y capuchas jaspeadas. Enrique abrazó a Ana sin identificarse antes y le dijo que había llegado con regalos de parte del rey. Después de continuar la farsa durante un rato, reveló quién era, con gran turbación de Ana: la princesa no sabía suficiente inglés para saludarle debidamente, pero indicó la ventana, al otro lado de la cual se estaba celebrando una pelea de perros y toros. Enrique le tomó aversión desde el primer momento y se fue tan pronto como se lo permitió la cortesía, llevándose las pieles. Durante el viaje de vuelta a Whitehall se quejó a sir Anthony Browne: `No veo en esta mujer nada de lo que los hombres dicen de ella, y me extraña que hombres sabios hayan hecho los comentarios que han hecho´."
 
El rey envejece...
En febrero el rey volvió a verse postrado por la fiebre y permaneció encerrado en sus aposentos durante tres semanas. El 10 de marzo de 1546 ya se había levantado de la cama y perdía dinero jugando a las cartas con Lisle y otros. Poco después, quitando importancia a su debilidad, anunció que pensaba visitar en breve las partes más alejadas de su reino, y cuando se entrevistó con enviados de Carlos V el día 22 les dijo que, aunque la pierna seguía doliéndole un poco, su fuerte constitución le había ayudado a recuperarse. Sin embargo, su cara mostraba las huellas del sufrimiento y los enviados sacaron la conclusión de que la enfermedad había sido peor de lo que Enrique pretendía.”

El rey ha muerto...
La causa de la muerte del rey no se conoce con certeza, debido al secretismo que rodeó su última enfermedad, pero es probable que fuera una embolia pulmonar. Durante dos días su óbito se mantuvo en secreto y su cuerpo yació en la alcoba, sin que nadie lo tocara, mientras afuera la vida de la corte seguía con toda normalidad y los sirvientes llevaban la comida del rey a sus aposentos al son de la habitual fanfarria de trompetas.”

Ameno acercamiento a un rey y su corte con el fascinante mundo de los patronazgos, las historias de sus esposas, los favoritos que son manejados a su antojo para no dar la primacía a ninguno y que salvando las distancias, el espacio tiempo y la tecnología, podemos apreciar que los patronazgos han mutado pero siguen vigentes, no ya en salones del reino sino en sedes de partidos políticos, consejos de administración de entidades financieras y puestinos en la cosa política. No recomendable para regalar a la suegra porque se le subirían los humos y bajaría la ración diaria de sopa boba...
 
 
 The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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