The Adversiter Chronicle

sábado, 4 de febrero de 2017

"Ni a pata ni alpargata y mucho menos a La Alcarria", suplemento viajero cutre


Suplemento viajero cutre de The Adversiter Chronicle

Por la ciudad en autobús municipal

El viajero ha dormido poco pero abre los ojos diez minutos antes de que suene el despertador, siente el viento aullar y la lluvia la ventana golpear, es aún de noche y el viajero se hace el remolón hasta que suene la segunda alarma, cosas del viajero que no es capaz de despertar de la primera, pero al fin se sacude la pereza somnolienta y se levanta.

El viajero prepara un café y lo toma observando la calle, pensando que es la primera vez que madruga para tomar el autobús municipal desde hace años, tantos como tiempo tuvo coche, pero el viajero ha prescindido del mismo y ahora es peatón. La ciudad se vuelve incómoda para los vehículos particulares con carriles bici que comen aparcamientos y los intentos de peatonalizar una ciudad que no es vetusta sino moderna y el viajero siente añoranza de tiempos pasados que siempre son mejores que los presentes porque los recuerdos sólo se recuerdan si son buenos y se entierran si son malos...

Sale el viajero a la calle, aún nocturna porque no hay luz y de súbito deja de llover y de ventear mientras clarea. Hay que recorrer un trecho para coger la línea que interesa al viajero y mientras cruza semáforos ve que pasa un bus, el suyo, y se mentaliza de que habrá que esperar diez minutos, que al viajero le parecen muchos pero al embargarle esa sensación da hastío mezcla de aburrimiento y pesadumbre sabiendo que habrá que esperar, sin marquesina la parada, sin café para tomar en un bar porque es temprano y está cerrado el local...

El viajero llega a la parada, un poste con horarios y ruta del autobús, se entretiene mirando precios de la cafetería cerrada porque si se para a pensar recuerda el viajero ser niño y esperar el autobús escolar, con aquella niña que también lo cogía y a la que nunca dijo nada en todos aquellos días que juntos esperaban el autobús. La recuerda porque la ha visto hace poco, pero es incapaz de recordar cuándo, paseando por la calle, ya mujer como el viajero hombre, pero reconoció su rostro. El viajero vuelve a la realidad y llegan a la parada dos mujeres que deben conocerse de a diario y el viajero percibe que ya falta poco para que llegue, se siente novato y algo idiota por perder el primero y estar esperando pero disfruta de la calle que se despierta, los sonidos y el ambiente húmedo de temporal de viento...

Sube el viajero al autobús, repleto de trabajadoras muchas de ellas en el hospital donde termina la línea, logra encontrar asiento y aunque siguen subiendo mujeres en cada parada, no cede su asiento, no le sale o no le apetece porque está a gusto sentado viendo transcurrir el asfalto por la ventanilla, escuchando sin querer las quejas de una mujer que dice que le ha costado levantarse esa mañana, pulso obrero de mañana en la ciudad. Se suceden las paradas, ajetreadas a esas horas y el tráfico ya está presente en las calles. El viajero no echa en falta tener coche, últimamente no disfrutaba conduciendo salvo de noche, la gente en coche parece que tiene prisa y una rotonda es una incógnita porque la mayoría no saben usarla, las bicicletas pese a los carriles, flamantes carriles bici, siguen gambeando entre los coches y saltándose semáforos. Por otra parte el viajero estaba harto de pagar por aparcar, por circular, por asegurar, por revisar, una fuente de ingresos para el sistema de la que el viajero estaba saturado, sabe que un día se levantará y deseará volver al volante, pero está en modo peatón y disfruta de sensaciones perdidas y le encanta palpar el pulso de la ciudad y sus habitantes en el autobús municipal.

El viajero se apea, sigue sin llover aunque el agua fluye por las alcantarillas y desagües. Se ajusta la chaqueta y se va a buscar a su sobrino al que llevará al colegio y que será su primer viaje al mismo en autobús, una iniciación que tal vez cuando sea tan veterano como el viajero recuerde en una ensoñación, en un pensamiento en la parada del bus...
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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